martes, 29 de enero de 2013

En ruinas.

Ella aún dormía, sus ojos desprendían un leve sabor amargo, tristes, somnolientos, cansados. Cada vez que se abrían querían cerrarse para siempre al verse a sí misma. Soñaba con una realidad que nunca existiría, vivía en recuerdos y en lugares que no frecuentaba. Dormía con la cabeza en la almohada pero vivía más bien del revés. Sus ojos, a un mismo tiempo, pedían a gritos algo que le ayudase a escapar de aquel infierno, si los mirabas fijamente podías percatarte de que nada estaba bien, podías ver en ellos dolor, incluso fuego. En cambio sus labios no sabían expresar todo aquello, no sabían cómo ni con qué palabras podían decir al resto que la sacasen de allí. El brillo de su mirada se había desvanecido y había venido a cambio unas ojeras bien marcadas, de varios meses. Jamás en la vida había visto unos ojos más negros y eso que no eran de ese color, pero hacía tiempo que se vestían de luto.

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